Un jabón que se deshace, una palabra desaparece, nada dura para siempre, nos dice Karen Estrada, y menos las apariencias. Las ideas son lo único que permanece. Lo superficial tiene siempre sus días contados. Esta secuencia fotográfica dialoga muy bien con el autorretrato que Natalia Corado intenta construir desde su intimidad, usando un grupo de instantáneas Polaroid provenientes de cartuchos viejos que apenas logran retener detalles de su cuerpo, que también se desvanece como la palabra escrita en el jabón. Esa relación con lo temporal y lo sensual parece también estar presente en las imágenes de Antovelly Cisneros, para quien cortarse las uñas puede ser una práctica tan natural como erótica, tan banal o tan obsesiva como fetichista.
Otro diálogo interesante es el que se genera entre los retratos de Rubén Silhy y el bodegón de Marvin Martínez. El primero nos propone con humor el sentido de estatus que demuestran las personas sencillas al portar entre sus dientes coronas de oro, una práctica muy popular en los consultorios dentales de zonas rurales del país que no está alejada del uso de collares, pulseras y anillos del mismo metal que muchas personas usan para definir públicamente su condición económica y social. El segundo propone un desayuno en el que el cereal ha sido sustituido por monedas: un cambio de significados que nos recuerda que somos seres materiales, «materialistas», que somos lo que comemos y, por supuesto, también somos lo que usamos.